La caja
Llega cerrada. Adentro: tres vinos, tres bolsas, un librito y un QR.
Cata a Ciegas: tres vinos sin nombre para una mesa con demasiadas opiniones. La primera experiencia de Gato Negro.
Dicen que cruzarse con un gato negro trae mala suerte. Peor suerte es tomar siempre el mismo vino y encima creer que entendés.
Elegimos tres vinos, les tapamos la cara y te los dejamos en una caja. Lo que pase después en tu mesa es asunto tuyo.
Dale, tocá una. Probá preguntarle.
Algunas son más largas que otras. Quien organiza marca el ritmo. Nadie mira un reloj.
Llega cerrada. Adentro: tres vinos, tres bolsas, un librito y un QR.
Lo escanea quien organiza. La cata sabe qué vinos hay en la caja. Quien organiza, no.
Cada persona entra desde su teléfono, con un link o un QR. Para jugar, alcanza con un nombre.
Aromas, sabores, una nota sobre 10 y una apuesta. En privado. Sin mirar al de al lado.
Aparecen preguntas sin ninguna relación con los taninos y terminan en discusión seria. Podés cambiar de idea todas las veces que quieras.
Quien organiza cierra las respuestas. Ya no se puede corregir. Silencio en la sala.
Caen las bolsas. Vinos, notas, el favorito de la mesa, quién adivinó más y la cara de quien juraba que era Malbec.
Negra, como corresponde.
Sobre el gato
Es una marca de noches que después se cuentan. Hoy el pretexto son tres botellas. El próximo, ya veremos. Los gatos no avisan.
¿Tenés una vinoteca en Córdoba? Queremos conocerte.
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